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La necesidad de la Restauración.  Es la tarea más difícil en la iglesia del Señor. El Cuerpo de Cristo ha sido herido y muchos andan sin rumbo y sin consuelo. Muchos creyentes heridos se quedaron en el camino, muchos siervos del altísimo han sido tocados por el enemigo y sin importar la razón, fueron derribados y hoy sufren en silencio. Estos soldados heridos se han quedado atrás, y como dijo alguien: “Lamentablemente la iglesia es el único ejercito en el mundo, que no recoge a sus heridos”… Y eso, ¡es una gran verdad!... La Iglesia del señor está herida y eso es cierto, no lo podemos ocultar. Es necesario, por ello, enseñar y practicar la Restauración. Es necesario volver al principio de la Palabra de Dios acerca de levantar al hermano caído, de tener misericordia con el que ha fallado y de coadyuvar esfuerzos para lograr que nuestros hermanos que se deslizaron puedan volver al camino y mejor aun, ir al frente de batalla para enfrentar al enemigo. Es necesario que Gál. 6:1,2 se haga carne en nosotros, es necesario quebrantar las fortalezas de la indiferencia, de la indolencia y de la falta de misericordia y humillarnos y pedir perdón al Señor. Es necesario enseñar y vivir una vida santa. Es necesario que enseñemos a los hombres a ser obedientes. Es necesario cuidar el rebaño del Señor… pero no lo hagamos con indolencia y sin misericordia. Considerémonos a nosotros mismos y busquemos ser transformados en hombres sensibles, recatados, templados, misericordiosos y benevolentes; es decir: busquemos vivir de acuerdo a la perfecta y absoluta voluntad de Dios. Quizás nunca sepamos qué clase de campo para entrenar tenía David para sus reclutas. Estoy seguro de que algunos se descorazonaron al saber lo que se esperaba de ellos. Con todo, 400 hombres permanecieron en el curso y fueron transformados. Aquellos hombres, en su mayoría heridos, endeudados, amargados, derrotados, pobres, miserables… fueron sin embargo, transformados por el poder de Dios y sus vidas nunca más fueron las mismas y en el “otro capítulo”, fueron hombres victoriosos, amantes, obedientes, entregados, fieles, leales y misericordiosos. La necesidad de enseñar… Mucha gente actúa sin misericordia cuando ven a un hermano caído porque les falta enseñanza y porque ven ese mal ejemplo en sus líderes. Por ello, un nuevo creyente necesita más cuidado y más enseñanza de la que necesitará en cualquier otro tiempo de su vida cristiana. Como líderes en la iglesia de Dios, nos toca a nosotros ayudar a los hombres a aprenderse la Escritura y alcanzar madurez en Jesucristo. Al enseñarles y prepararlos, les estaremos haciendo un gran bien; de hecho, los estaremos preparando para llevar una vida larga y fructífera como cristianos. “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos” (Oseas 4:6). Conocimiento es poder. Un hombre lleno de la Escritura y del Espíritu Santo es una amenaza para el enemigo y un campeón para el Reino. ¿Estamos instruyendo al Pueblo de Dios para que sean buenos siervos del altísimo?... Dr. Fredy Pariasca |